Es mi deseo desde hace un buen tiempo atrás, manifestar públicamente mis sentimientos hacia ustedes. Tanto es así, que no me había decidido si crear un "poema al guarda" en donde narrar vuestras epopeyas o simplemente escribirles esta humilde misiva. Sin embargo, no estoy dotado. Me refiero a que no estoy dotado de aquél don el cual percibe en nuestro diario vivir un cuadro de bellos trazos, pudiendo ser descrito con las más bellas palabras. Pero por favor no piensen que me he dado por
vencido. A cada momento de mi vida, medito en vuestras palabras, tan dulcemente pronunciadas, que me hacen querer seguir adelante (o atrás, depende dónde me encuentre): "¡¡¡Hagan el favor de seguir pasando!!!". Y creanme que lo intento, a pesar de los obstáculos, "codos" y "rodillas" en este pasillo que es la vida.
Vuestra bella figura, vuestro decoroso lenguaje y vuestra plácida música que nos acompaña en nuestro recorrido, lo único que genera en mí, es un terrible dolor... por no poder ser como ustedes.
Lo único que deseo en esta vida, y lo digo de todo corazón, es poder acercarme a un décimo del altruismo que ustedes demuestran diariamente. Es increíble la bondad que realizan en cada viaje, en que el ómnibus está repleto de personas, y vosotros, con tal de que las 
personas que están en la parada puedan tener su viaje hasta sus casas, nos apretan hasta casi no poder respirar. ¡Destino glorioso el de los guardas! Cuando ustedes gritan con pasión poética: "¡¡A ver si se corren que hay gente que quiere subir!!", yo pienso: "Es maravilloso que todavía queden en el mundo personas que no les importa el dinero y sí las personas que quieren llegar ver a sus familias".
¡Oh glorioso Olimpo; abre tus portones! Pues los santos guardas no sólo se preocupan de las personas en general, sino individualmente: "¡Vos! ¡Sí vos! El del gorro azul... ¿Por qué no te movés un poquito,
querido?".
¡Vosotros! Que procuráis cobrarnos una módica suma en comparación con el gran esfuerzo que requiere velar por nuestra vida mientras avanzamos en nuestro camino.
¡Vosotros! Que nos tratan como ganado vacuno, y nosotros con gusto accedemos, con tal de que vosotros no os enfurezcais; ya que sería un pecado contra vuestra alabada persona.
¡Vosotros! Que frecuentemente no paran en todas las paradas, para poder llegar a tiempo a destino, dejándonos atónitos ante semejante sublime acción.
¡Vosotros! Que poseen la sublime, única y particular cualidad de conversar con el conductor mientras éste conduce a paso de hombre.
¡Vosotros! ¡Oh guardas de los cielos celestiales! ¡Oh ángeles guardianes! Si pudiera pedir un deseo hacia ustedes, no sabría qué pedir. Quizá lo más elevado que se me ocurre
ahora en mi humilde imaginación:
que nadie que tenga gripe les estornude salvajemente en la cara, cuando el ómnibus (gracias a vuestra altruista directiva) está repleto y casi no queda aire y espacio disponible y todas las ventanillas están cerradas.

7 comentarios:
La vida es un boleto y en la vida todo es pasajero excepto el guarda y el conductor. En el fondo hay lugar para el manoseo impune y el manotazo rapiñero. El que guarda siempre tiene y el chofer conduce a Miss Daisy hasta el Pato Donald Trump. ¡Estás despedido!
tremendo. a mí me gusta cuando me dan el boleto de trasbordo y marcan la hora con necedad avispa.
jaja.. muy bueno che!
muy bueno! los guardas son los eroes del mundo postmoderno!! pero los mas eroicos son aquellos guardas de israel que dia a dia salen a estallar por los aires debido a ese pasajero extranjero que no estaba contento con el servicio brindado y se lo hace saber de una forma muy particular
Sí... No sabía cómo agradecerle al guarda, que lo único que pensó es en dar la vida por él...
Lo mejor: cuando les das un billete grande y te devuelven todas moneditas.
Tiranos temblad!!!
Quien osa subir sin cambio
a pagar el boleto!
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